Puglia es la ruta italiana que le recomendamos a quien ya hizo Toscana hace años y quiere entender por qué los italianos del norte — los mismos que desprecian a medio país — se reservan el sur para sus vacaciones reales. Es plana, es llana, está llena de pueblos blancos encalados hasta las cornisas, come orecchiette hechas a mano por señoras en la calle, y tiene una costa adriática con aguas que, francamente, rivalizan con las que la publicidad atribuye a las islas griegas. No hay serpentín, no hay paso alpino, no hay mafia de los ZTL comparable a la de Florencia (aunque los hay, ojo). Es la ruta italiana más fácil de conducir después de la Toscana y la más barata de las cuatro.
Siete días, 620 km, circular con salida y vuelta a Bari. Mayo o finales de septiembre si puedes elegir — las dos primeras quincenas de agosto son el único tiempo que hay que evitar.
Puglia en 7 días

La mesa puesta
Bari como entrada (el aeropuerto BRI tiene vuelos baratos desde España y Brindisi BDS como alternativa), Alberobello como base del valle d’Itria, Lecce como base del Salento barroco, Gallipoli para cerrar en el jónico. Cuatro bases, seis noches reales más una de vuelo. El recorrido no es circular geométrico — baja del norte (Bari) al sur (Leuca) y vuelve subiendo la costa jónica a la salida.
Mapa mental
La Puglia se come y se conduce en este orden: orecchiette al mediodía, siesta larga, paseo al atardecer por una piazza encalada, cena con vino primitivo, y sólo después decides qué pueblo quieres ver mañana.
El menú de los días
Los dos primeros días son Bari y el salto al Valle d’Itria (los trulli). El tercero es Valle d’Itria entero. El cuarto es el traslado a Lecce pasando por Ostuni. El quinto es Lecce. El sexto es toda la costa del Salento. El séptimo es Gallipoli y vuelta.
Día I — Llegada a Bari y la ciudad vieja
Aterrizas en Bari Karol Wojtyła (BRI), recoges el coche, son diez minutos al centro por la SS16. Aparcas en Parking Comunale o Largo Giannella (2 €/h), fuera de la ZTL de Bari Vecchia. Checkin en el B&B Murattiano — alojamientos de barrio en la zona del Borgo Murattiano, limpios y económicos, muy cerca del puerto viejo.
Bari Vecchia — el centro histórico, también llamado Barivecchia — es un laberinto de callejones medievales encalados con la Basílica di San Nicola en el corazón. San Nicolás — sí, el mismo del que los alemanes hicieron Santa Claus — es el patrón real de Bari y sus reliquias descansan aquí desde 1087, cuando un grupo de marineros bareses las “rescataron” (léase: robaron) de la entonces ocupada ciudad turca de Myra. La basílica es románica pura, del siglo XI, con la cripta como lugar de peregrinación ortodoxa activa. Entra libre, merece los 20 minutos.
Paseo por Strada delle Orecchiette — la calle donde las señoras de Bari siguen haciendo las orecchiette a mano en mesitas fuera de su casa, las ponen a secar, y te las venden. Son 5 €/kilo y son 10 veces mejores que cualquier pasta industrial. Cena en Al Pescatore, en la piazza del Castello Svevo: orecchiette con cime di rapa (la pasta clásica de Bari, con grelos amargos y anchoas) por 12 €.
Día II — Alberobello y los trulli
Salida temprana de Bari por la SS16 sur hacia Polignano a Mare. Son 35 km, 40 minutos. Polignano es un pueblo colgado sobre acantilados del adriático, con la famosa cala Lama Monachile en el centro — la playa entre dos paredes de roca, con el puente viejo al fondo. Llega antes de las 11 para encontrar parking (1,50 €/h en el Parcheggio Via Sagarriga Visconti). Dos horas bastan: paseo por el centro viejo con sus balcones poéticos (hay versos de Domenico Modugno y otros escritos en las paredes), café con vista al mar en el Grotta Palazzese si tienes suerte de pillar mesa, y de vuelta al coche.
De Polignano, 40 km por la SS172 y SP237 hasta Alberobello. Son cuarenta minutos más. Llegas a mediodía, calor, dejas las maletas en el hotel y empiezas el paseo cuando baja el sol a las 16-17:00.
Los trulli son construcciones de piedra seca con techos cónicos, inventadas en esta parte de Puglia como vivienda fiscalmente desmontable (historia larga — tenían que poder tirarse abajo sin argamasa cuando llegaba el inspector del reino). Alberobello es el único pueblo del mundo enteramente construido en trulli — 1.500 conos en dos barrios, el Rione Monti (más turístico) y el Rione Aia Piccola (más vivido, aún habitado por familias locales). Cena en Trattoria Amatulli: fave e cicoria (puré de habas con achicoria salteada, el plato campesino por excelencia), 10 €, vino primitivo del Salento, 4 €/copa.
Dormir dentro de un trullo es una experiencia que se puede hacer una vez en la vida: Trullidea tiene una docena convertidos en habitaciones, 145 €/noche, todos con cúpula original y cisterna antigua debajo. No es lujoso pero es auténtico.
Día III — Valle d’Itria a fondo
Día corto en kilómetros (40 km reales) y largo en paradas. El Valle d’Itria es la llanura ondulada entre Alberobello, Locorotondo, Martina Franca y Cisternino — cuatro pueblos encalados a diez minutos en coche unos de otros, cada uno con su acento y su plato.
- Locorotondo (literalmente “lugar redondo”): como su nombre dice, planta circular perfecta, todo casas blancas alineadas en círculos concéntricos. Uno de los pueblos “más bellos de Italia” oficiales. Paseas una hora.
- Martina Franca: el más barroco de los cuatro, con la Basílica di San Martino y el palacio Ducale. Cerca de mediodía.
- Cisternino: el pueblo de las bombette. Aquí la tradición es entrar en una braceria (asador-carnicería), elegir la carne del mostrador — bombette (rollitos de cerdo con queso dentro), salchichas, chuletas — y te las asan al momento mientras te tomas una cerveza. Braceria I Macellai es la referencia. Comes en sus mesas al aire libre por 15-20 € por persona con vino.
Por la tarde, vuelta a Alberobello o traslado a una masseria del valle — antiguas granjas fortificadas del XV-XIX convertidas en hoteles rurales, rodeadas de olivares milenarios, con piscina y cocina de km 0. Masseria Torre Coccaro (cara, 300 €+/noche) o Il Frantoio (histórica, 200 €+/noche) son las referencias; Masseria Alchimia o Borgo Canonica son opciones por debajo de 150 €/noche. Es la experiencia que convierte el viaje a Puglia en algo distinto al resto.
Día IV — Ostuni la ciudad blanca
Salida del valle hacia Ostuni, 35 km por la SP17. Ostuni — apodada la Città Bianca — es un casco histórico encalado construido sobre una colina a 218 m, visible desde la SP16 (la carretera costera) a 10 km de distancia como una bola de nieve en la llanura de olivos. Llega a última hora de la mañana.
Aparca en el Largo Santissima Trinità fuera de las murallas (1,50 €/h) y sube al casco a pie. La ciudad se recorre en dos horas bien: Piazza della Libertà con la columna de Sant’Oronzo, la Catedral con su fachada gótico-renacentista del XV, las callejuelas blancas del casco medieval. Comida en Osteria del Tempo Perso — una trattoria dentro de una cueva antigua, tagliatelle alla manfredina con tomate fresco y anchoas, 14 €. Reserva un día antes.
Tarde: 85 km por la SS16 hacia el sur hasta Lecce. Llegas a media tarde. Aparcas en Parking Carducci (fuera de la ZTL) y caminas al hotel. Checkin y primer paseo nocturno por el centro histórico para ver las iglesias barrocas iluminadas — Santa Croce primero, la fachada más trabajada de Italia barroca meridional.
Día V — Lecce, la Florencia del sur
Día entero a pie en Lecce. La ciudad barroca más extraordinaria del sur, comparada a veces con una “Florencia del Barroco”. La piedra local es una caliza dorada especialmente blanda cuando se extrae — se talla como mantequilla y se endurece al aire — lo que permitió a los canteros locales del XVI-XVII producir una densidad de detalle escultórico por metro cuadrado que no tiene ningún otro sitio de Europa.
Las visitas clave:
- Basílica di Santa Croce (gratis el exterior, 2 € el interior). La fachada tardó 150 años (1549-1695) y tiene tal cantidad de figuras, animales, monstruos y vegetales tallados que los historiadores siguen catalogándola. Estudia la fachada veinte minutos reales.
- Piazza del Duomo. Una plaza cerrada, con acceso por un solo arco, en cuyo centro están el Duomo, el Campanile (72 m) y el Palazzo Vescovile. Los tres forman un conjunto único.
- Anfiteatro Romano en Piazza Sant’Oronzo. Descubierto en 1901 al derribar edificios, mitad visible. Romano del II d.C.
- San Matteo, Santa Chiara, Sant’Irene: tres iglesias barrocas menos conocidas pero casi igual de espectaculares que Santa Croce.
Comida en Alle due Corti: ciceri e tria (el plato leccese por excelencia, pasta frita con garbanzos), 11 €, vino primitivo 4 €/copa. Cena en alguna puccia (pan relleno tipo panini pero específico del Salento) o en una pizzería del barrio — Lecce cena fácil y barato. Segunda noche en Lecce.
Día VI — Otranto y la costa adriática
Día largo de costa. Arranque temprano de Lecce por la SS16 hacia el este (40 km, 45 min) hasta Otranto. Ciudad fortificada en el punto más oriental de Italia — desde la muralla ves literalmente Albania, 80 km al otro lado del estrecho.
Otranto tiene dos razones para visitarla: una es el castillo aragonés (siglo XV, 7 €) y la otra, más importante, es el mosaico del suelo de la catedral (siglo XII, gratis). Un árbol de la vida bíblico en piedrecitas, 16 metros de largo, con escenas del Antiguo Testamento, del Juicio Final, del zodíaco y del Rey Arturo — lo hizo un monje llamado Pantaleone entre 1163 y 1165. Es uno de los mosaicos medievales más importantes de Europa y apenas lo menciona la mitad de las guías. Veinte minutos de reverencia callada.
Comida en L’Altro Baffo, al borde del puerto — fritto misto 18 €, pescado fresco del día. Por la tarde, SP358 costera hacia el sur: Porto Badisco (cala con grutas neolíticas), Santa Cesarea Terme (palacios orientalistas del XIX), Castro (castillo aragonés sobre acantilado), Santa Maria di Leuca — el punto más al sureste de la península italiana, donde el adriático se encuentra con el jónico literalmente, con un faro del siglo XIX en el borde.
De Leuca, 50 km por la SS274 al oeste hasta Gallipoli por la costa jónica. Llegas al anochecer. Checkin en el Palazzo del Corso, en el casco histórico de la isla — un palacio del siglo XVIII con diez habitaciones, 140 €/noche. Cena en el puerto viejo.
Día VII — Gallipoli y vuelta a Bari
Última mañana de viaje. Gallipoli significa “ciudad bella” en griego (kalè polis) y es, literalmente, una isla — el casco antiguo está sobre una isla conectada a tierra firme por un puente. Paseo matinal por las callejuelas del casco, la Catedral de Sant’Agata (fachada barroca leccese), el Castello Angioino en el puerto, la Spiaggia della Purità — una playita urbana dentro de las murallas.
Almuerzo en La Puritate, cerca de la playa — crudité di mare (crudo de mariscos), 22 €, vino blanco del Salento. Y vuelta a Bari: 200 km por la SS101 hasta Lecce, luego A14 hasta Bari, 2h 30 limpias. Devuelves el coche en BRI, vuelo al atardecer.
Bajo el tapete
Puglia es la ruta italiana más barata de las cuatro y la más fácil logísticamente. Los ZTL son manejables y los parkings son baratos.
Si tienes más tiempo, o menos
Tres variantes según tu calendario.
Lo que no hay que hacer
Los errores típicos de Puglia tienen que ver más con el calendario (agosto) y con no entender las distancias del Salento que con nada técnico.