Se come, se descansa, se conduce. En ese orden.

Portugal

Cuatro rutas que empiezan donde España termina: del sur atlántico al verde del Gerês, pasando por el vino del Douro y el calor lento del Alentejo.

Cuatro rutas que empiezan donde España termina.

Portugal es uno de esos países a los que se llega con el coche ya arrancado. Si vives en Madrid, en Cáceres, en Sevilla o en Huelva, te sale más barato cruzar la raya que coger un vuelo de bajo coste. Y si vives más lejos, aterrizas en Faro, en Lisboa o en Porto y ya estás dentro. No hace falta aduana, no hace falta cambiar moneda, no hace falta adaptador de enchufe. Sólo hay que acordarse de que aquí se conduce más despacio, se come más barato y se paga el peaje con una caja en el salpicadero que nunca acabas de entender.

Una mesa puesta a la portuguesa: vinho verde, pastel de nata, azulejo azul y un mapa doblado del país

La primera vez que cruzamos por Badajoz pensábamos que Portugal sería una especie de España con el mar al otro lado. Error. Portugal no es España lite, ni España con océano, ni España con mejor pescado. Es otro país, con otro ritmo, otra forma de hablar en voz baja, otra manera de servirte el café. Aquí nadie te apura. Aquí el camarero del restaurante de carretera te pregunta si quieres bicas (cafés cortos) o meia de leite, te trae el pan aunque no lo hayas pedido —y luego te cobra 1,20 € por él en la cuenta— y espera a que termines la sobremesa antes de acercarse con el ticket. Nosotros nos hemos acomodado a eso rápido.

Por qué Portugal en coche

Hay tres razones concretas. La primera: los precios. Un café son 70 céntimos en una tasca de pueblo. Un menú del día bien hecho, con sopa, plato y postre, está entre 9 y 12 €. Una habitación en una pensão con baño privado, 45 o 55 €. Gasolina un pelín más cara que en España, pero compensa de sobra en el resto. La segunda: las distancias son cortas. Portugal entero cabe en un rectángulo de 560 por 220 km. Puedes desayunar en Porto y cenar en Faro el mismo día —no lo hagas, pero se puede—. La tercera: las carreteras secundarias son buenas. La N-2, la N-125, la N-222, la M-501, la IC-1… todas pavimentadas, bien señalizadas, con tráfico ligero fuera de agosto. No vas a encontrarte baches de los de verdad ni cabras sueltas. Sólo el ocasional tractor muy lento y algún control de la GNR.

Las cuatro rutas, sin floreos

Hemos armado cuatro maneras distintas de entender el país. No se solapan, no repiten ciudades importantes, y juntas cubren de Sagres a Gerês. Si tienes una semana larga o dos, puedes encadenar dos —Algarve + Alentejo, o Douro + Norte verde— y tendrás dos Portugales completamente distintos en el mismo viaje.

I. Algarve completo (5 días, 320 km). La ruta más cómoda de las cuatro. Faro, Tavira, Sagres, Lagos. Para quien quiere playa, pueblos blancos y mariscadas sin complicarse. Es la ruta que recomendamos a quien cruza por primera vez —y a quien huye del norte en invierno, porque en enero aquí hace 17 grados al sol—.

II. Douro y Porto (6 días, 480 km). La ruta del vino. Porto, bajada por la N-222 (la carretera que los concursos de revistas eligen como “la más bonita del mundo” y que a veces lo es), Peso da Régua, Pinhão, y luego subimos a Guarda por sierra. Es la única ruta de las cuatro donde el coche baja de tercera con frecuencia —curvas de pizarra, pendientes del 9 %, y viñas en terraza a ambos lados—.

III. Alentejo lento (7 días, 780 km). La más larga y la más vacía. Lisboa como salida, luego Évora, el castillo-mirador de Monsaraz sobre el embalse de Alqueva, Mértola al sur, y salida por la costa vicentina a la altura de Odeceixe. Es la Portugal de los alcornoques, el queso de Serpa, el olivar infinito y los pueblos encalados con 200 habitantes. Si vienes a desconectar en serio, ésta.

IV. Norte verde (5 días, 420 km). La sorpresa del país. Porto, Braga, el parque nacional de Peneda-Gerês —el único parque nacional de Portugal— y salida por Viana do Castelo. Aquí llueve más, hace más fresco, y el paisaje se parece más a Galicia que al resto del país. Hórreos de granito, vacas de raza barrosã, vinho verde ligero, y las pozas naturales del Gerês en verano.

Cómo llegar y de dónde salir

Si vienes de España con coche propio, las entradas son: Badajoz–Elvas (para Alentejo), Huelva–Vila Real de Santo António (para Algarve), Ciudad Rodrigo–Guarda (para Douro y Norte verde), Tui–Valença do Minho (para Norte verde). Ninguna tiene control fronterizo.

Si vuelas, los aeropuertos útiles son Faro (FAO) para el Algarve, Lisboa (LIS) para Alentejo, y Porto (OPO) para Douro y Norte verde. Los tres tienen buena oferta de alquiler: Porto suele ser el más barato, Faro el más caro en verano, Lisboa el más variado en flota.

Para cualquier variante, conviene leer antes nuestra guía de alquiler de coche en Portugal —las trampas son pocas pero específicas: la Via Verde para peajes automáticos, el cargo de cross-border si vas a devolver en España, el depósito típico de 300 € en utilitarios—.

Peajes: un párrafo aparte

Los peajes portugueses son, probablemente, lo único que puede arruinarte el viaje si no sabes cómo funcionan. Hay dos sistemas en paralelo. Las autopistas tradicionales tienen cabinas físicas: coges el ticket, pagas al salir, todo normal. Las autopistas “eléctricas” (las que llevan pórticos con cámaras y ninguna cabina) no tienen manera de pagar con efectivo: te cobran automáticamente si tienes un dispositivo Via Verde. Si no lo tienes, el coche de alquiler suele llevar un Easytoll que la agencia activa por ti —cuesta 2 a 3 € al día más los peajes—. Confírmalo en el mostrador antes de salir. Si el coche no lo lleva, evita las A-22 (Algarve), A-25 (Viseu-Guarda), A-23 (interior centro) y algunos tramos de la A-17. Lo decimos en cada ruta, pero se nos olvidaría no decirlo aquí también.

Qué hay más allá de estas cuatro rutas

Hemos dejado fuera cosas a propósito. Las islas —Madeira y Azores— no son road-trip continental; merecen su propio sitio. Coimbra aparece sólo de paso porque no nos acaba de convencer como base (muy universitaria, aparcamiento complicado, mejor en una excursión desde Porto o Aveiro). Setúbal y la Arrábida quedan fuera del Alentejo en nuestra ruta, pero si tienes un día extra desde Lisboa son una variante obvia —la incluimos en el “+1 día” de esa ruta—. Nazaré y Óbidos quedan también fuera, más por una cuestión de ritmo que de calidad: son paradas de lista turística, y este sitio no va de eso.

Cruces con otros países

Si lo que te interesa es combinar Portugal con España en un solo viaje largo, tenemos Iberia dorada: Madrid → Salamanca → Guarda → Douro → Porto por tierra, cruzando por Ciudad Rodrigo. Es el cruce más natural desde el centro de España y te deja directamente en la ruta del Douro. Lo contrario —entrar por el Algarve desde Huelva— no lo hemos armado como cruce propio porque es demasiado corto para justificarlo: un par de horas de autopista y estás en Tavira. Cógelo como extensión natural de cualquier ruta andaluza.

La mesa del país

Lo que hay que comer en Portugal no se elige, se va cayendo en el plato. El bacalhau en sus mil formas (nosotros recomendamos empezar por el à brás —con patata paja y huevo— y el à lagareiro —al horno con patata y aceite—). El arroz de marisco, que es casi una sopa y se pide para dos. Los pasteles de nata, que están mejor en cualquier pastelería de barrio que en las colas turísticas de Belém. El queijo da Serra da Estrela, que se come con cuchara cuando está en su punto. Y el vinho verde del norte, que se sirve muy frío, tiene menos alcohol de lo que parece y es casi imposible beberlo mal.

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