De todas las rutas marroquíes, esta es la que cambia la ropa con la que te levantas. Empiezas en Marrakech con sandalias y acabas en el Atlas Medio con una chaqueta de forro. Pasas por 2.260 metros de altura en Tizi n’Tichka, bajas al fondo de la garganta del Todra, duermes en un campamento bajo las dunas del Sáhara y vuelves subiendo por un bosque de cedros con macacos que cruzan la carretera. Mil cuatrocientos veinte kilómetros, nueve días, y dos aeropuertos distintos —Marrakech para entrar, Fez para salir, los dos con vuelo directo a Madrid, Barcelona o Málaga.
Es la ruta más exigente de las cuatro que tenemos en Marruecos, pero “exigente” aquí significa carreteras lentas y distancias largas, no aventura extrema. Con un Dacia Logan de alquiler, conducción diurna y un poco de cabeza, esta ruta la hace cualquiera que haya conducido antes por la montaña.
Atlas y desierto en 9 días

La mesa puesta
Nueve días bien contados. Dos noches en Marrakech al principio serían ideales si puedes, porque la ciudad te merece más; nosotros, en esta ruta concreta, la dejamos en una sola noche y la dos-noches la metemos a la vuelta en Fez. Una noche en el desierto es el mínimo; dos es el gesto elegante. Octubre-noviembre y marzo son las ventanas: el desierto es habitable (no hierves), el Atlas está seco (no hay nieve), y Fez, en noviembre, tiene una luz que no se ve en otros meses.
Mapa mental
El Atlas no es un paisaje, es un gradiente: subes con palmeras, pasas por pino, llegas a pedregal, bajas al desierto, vuelves por cedro y acabas en olivo. Todo en una semana, conduciéndolo tú.
El menú de los días
Día I — Marrakech, prepararse
Llegar a Marrakech el día anterior y descansar es más importante de lo que parece. Si aterrizas y arrancas al día siguiente hacia el Atlas, el cambio de hora y el cansancio se suman al Tizi n’Tichka y acabas conduciendo mal en un sitio que no perdona conducir mal. Mejor una tarde en la madrasa Ben Youssef, cena en Café des Épices sin prisas, y al supermercado Carrefour a comprar agua (6 litros), frutos secos y una linterna para el campamento del desierto.
Día II — Tizi n’Tichka a Ouarzazate
Doscientos quince kilómetros que se convierten en 4 h 30 min porque la N-9 sube y baja el Alto Atlas. El puerto Tizi n’Tichka (2.260 m) se ha reformado en los últimos años y ahora es una carretera en condiciones, pero sigue siendo tres horas seguidas de curva, camión lento, curva, furgoneta cargada hasta el techo, curva. Conducir sereno, no adelantar en ciego.
Parada obligatoria: Telouet, desvío de 20 km por la antigua carretera. La kasbah del Glaoui —el último señor feudal del sur— está medio derruida, sin vigilancia, y se camina por dentro en silencio con el eco de los zapatos. Cobran 20 MAD al entrar, si hay alguien. Es una de las paradas raras de Marruecos, y nosotros no la saltamos nunca.
Por la tarde, Aït Ben Haddou antes de llegar a Ouarzazate: la kasbah Patrimonio de la Humanidad, salida en tantas películas que da pereza contar, pero bonita de verdad al atardecer. Dormir en Ouarzazate, en el centro, en un riad sencillo.
Día III — Kasbahs del Dadès
Ciento ochenta kilómetros por la N-10, “la ruta de las mil kasbahs”. El nombre es publicitario pero no falso: hay kasbahs (fortificaciones de barro de los señores locales) cada pocos kilómetros, la mayoría en estado variable de ruina. Skoura es el oasis más bonito del tramo, con la kasbah Amerhidil funcionando como museo pequeño. En Kelaa M’Gouna, el “valle de las rosas” (damascenas, cosecha en mayo) sólo tiene sentido en primavera; el resto del año hay poco que ver.
Final de etapa en Boumalne Dadès, subiendo un poco por la garganta hasta el mirador de los “dedos de mono” —formaciones rocosas muy fotogénicas. Dormir en Hotel Xaluca, que es un poco turístico pero con vistas al valle.
Día IV — Garganta del Todra y entrada a Merzouga
Doscientos ochenta y cinco kilómetros. La garganta del Todra está 50 km al norte de Tinghir; por la R-703. Llegar a media mañana, cuando el sol está alto y los muros verticales (a veces a diez metros de distancia uno del otro) están iluminados hasta abajo. Caminar por dentro es gratis; hay un río pequeño en el fondo que en primavera lleva agua y en octubre está seco.
Después, vuelta a la N-10 hacia Er Rachidia. Repostar en Er Rachidia sin falta. Las gasolineras entre Er Rachidia y Merzouga son escasas y algunas cierran por la tarde. De ahí, Erfoud y Rissani, y los últimos 40 km hasta Merzouga por carretera asfaltada correcta. La primera vista de las dunas de Erg Chebbi desde lejos —naranjas, absolutas, fuera de escala— es el momento en que entiendes por qué has conducido cinco días.
Llegar al hotel antes de las 17:00. A las 17:30 sales con los dromedarios hacia el campamento, y hay que estar dentro del desierto antes del anochecer.
Día V — Merzouga, dunas y bivouac
El día es del hotel, no tuyo. Amanecer en lo alto de la duna grande (madrugar a las 6:15), desayuno en el campamento, vuelta al hotel en 4x4 o en dromedario por la mañana. Resto del día: piscina, siesta, té, y si tienes ganas, una visita al pueblo gnawa de Khamlia (15 km) para escuchar música bereber-subsahariana en directo.
Tu coche de alquiler no entra en arena. Que quede claro: el seguro no cubre off-road, la grúa cuesta 3.000 MAD, y la arena suelta se traga un Logan en cinco metros. El 4x4, los dromedarios y el campamento los pone el hotel en un paquete —1.250 MAD por persona, más o menos— y esa es la única manera razonable de hacerlo.
Día VI — Merzouga a Midelt por el Ziz
Trescientos diez kilómetros. Vuelta por Erfoud (parada de 30 min en un taller de fósiles —regatear fuerte, las trilobites son reales pero el precio es negociable) y subida por el valle del Ziz. El Ziz es un oasis lineal de palmeras que discurre entre paredes rojas de roca; hay miradores cada pocos kilómetros y en uno de ellos nosotros paramos a comer bocata.
Midelt (1.500 m) es el final de etapa. Funcional, sin más, pero bien situado para partir Atlas Medio el día siguiente.
Día VII — Midelt a Ifrane por los cedros
Ciento setenta kilómetros, 2 h 30 min, el tramo más bonito del Atlas Medio. La N-13 sube desde Midelt por un paisaje de pinares y cedros, y a la altura de Azrou entra en el bosque de cedros donde viven los macacos de Berbería. Son salvajes, se acercan a los coches en los aparcamientos, y no hay que darles de comer —aunque todo el mundo lo haga, es malo para ellos. Parar 30 min, caminar 200 m por el bosque, mirarlos desde lejos.
Ifrane al final del día. La “suiza marroquí” sigue pareciendo un chalet alpino trasplantado al norte de África; en invierno hay nieve y chalets con leñera humeante. Cenar trucha (las crían en el Medio Atlas), dormir bien.
Día VIII — Ifrane a Fez, aterrizar en medieval
Sesenta y cinco kilómetros cortos, una hora de autoroute. Llegas a Fez a media mañana. Aparca en Batha, no lo vuelvas a tocar hasta mañana. La primera tarde en Fez el-Bali después de siete días conduciendo montaña es una especie de shock cultural: de pronto hay gente por todos lados, callejuelas que se bifurcan, olores que cambian cada veinte metros, gritos de mulos abriéndose paso con carga. Aceptar estar desorientado y caminar hasta cansarse. Cenar ligero, dormir temprano.
Día IX — Fez y adiós
La mañana es para las curtidurías Chouara —el tópico de Fez, y el tópico es verdad— desde una terraza superior. Alguien te pondrá un ramo de menta en la nariz “para el olor” y te pedirá 20 MAD por la experiencia; es el juego, y vale los 20 MAD. Después, medersa Attarine, y si queda batería, tumbas meriníes al atardecer.
Devolver el coche en la oficina centro de la agencia, no en el aeropuerto. El vuelo de Fez a Madrid y Barcelona sale casi siempre por la tarde-noche, así que tienes el día entero.
Bajo el tapete
Si tienes más tiempo, o menos
Lo que no hay que hacer
Rutas vecinas
La ruta natural anterior o posterior es la de las ciudades imperiales, que enlaza Marrakech y Fez por el eje norte y se combina perfectamente con ésta si tienes dos semanas enteras. Si prefieres bajar el ritmo después del desierto, la costa atlántica es el antídoto salado. Todo empieza, como siempre, en el hub de Marruecos. Si vienes cruzando desde España, el paso Andalucía → Marruecos cubre el ferry de Tarifa y la aduana. Y antes de firmar nada en el mostrador del alquiler, la guía de alquilar coche en Marruecos explica qué pedir y qué rechazar.