Dalmacia es la ruta por la que la mayoría de nuestros lectores españoles se enamoran de Croacia, y también la que peor se hace cuando uno se cree que va a ser como la Amalfitana. No lo es. La carretera — la vieja D8, la famosa Jadranska magistrala — es más estrecha de lo que parece, tiene tramos de curvas sobre acantilado donde un camión cisterna te obliga a pegarte a la línea blanca, y cuando menos te lo esperas te encuentras dos controles fronterizos porque en medio del país hay nueve kilómetros de Bosnia pegados al mar. Son siete días, 330 km, y en temporada alta se convierten en los kilómetros más caros por hora de conducción de toda Europa mediterránea. En temporada media — nuestra apuesta — son, probablemente, la mejor ruta costera del continente.
Dalmacia de Split a Dubrovnik en 7 días

La mesa puesta
Los números de esta ruta son engañosamente cortos. 330 km se hacen en un día cualquiera de camino a Alicante, pero aquí los repartes en una semana porque ninguna etapa tiene más de 155 km y porque el interés está en parar: Trogir, Split, Šibenik, Krka, Hvar, Makarska, Dubrovnik. El resumen rápido queda en la tabla de al lado. Lo que no cabe en la tabla es que cada una de esas paradas merece por lo menos medio día, y que intentar hacer Dalmacia en cinco días es como intentar comer Galicia en fin de semana: técnicamente posible, emocionalmente indecente.
Mapa mental
Piedra blanca, agua casi fluorescente, dos fronteras sin cambio de moneda, una isla que sobra si no te gusta el ruido, y un ferry que decide el día cuatro mejor que tú.
El menú de los días
Día I — Llegada a Split y tarde en Trogir
Aterrizas en Split, recoges el coche en la terminal y, si nos haces caso, no pisas Split todavía. Giras hacia el oeste y te presentas en Trogir en media hora escasa. Trogir es una islita unida al continente por un puente corto, con un casco histórico de piedra blanca que se ve en dos horas y se disfruta en una tarde entera. Es UNESCO, lo sabemos todos, pero eso no impide que sea un buen primer contacto con la textura de Dalmacia: calles estrechas, catedral románica, campanario al que se sube por una escalera de caracol que da miedo, y terrazas orientadas al canal por donde pasan los ferrys de Jadrolinija. El truco es llegar con el calor todavía fuerte, refrescarte en el apartamento y salir a las siete, cuando las motos dejan de cruzar y la piedra empieza a devolver la luz del día.
Cena a pie, nada de coche. Al día siguiente se conduce poco y el coche duerme tranquilo en un parking público a 12 €/noche.
Día II — Split al completo
Treinta minutos de autopista nueva y estás en el parking de Sukoišan, el que usan los locales, a 15 minutos a pie del Palacio de Diocleciano. Split no es una ciudad monumental en el sentido de Florencia o Sevilla: es un pueblo romano al que se le ha caído encima una ciudad medieval, renacentista y yugoslava, todas superpuestas en el mismo perímetro. Lo mejor es entrar al amanecer por la Puerta de Oro y bajar hasta el Peristilo sin nadie alrededor. A las ocho empieza a llenarse y a las diez ya es un hormiguero. El resto del día se pasa entre la plaza del mercado (comprar higos secos y aceite), el museo etnográfico (diez minutos y no te pierdes nada), y la Riva a la hora del café.
Come donde recomendamos. Villa Spiza tiene ocho mesas y menú del día en una pizarra. Es la mejor relación calidad-precio del casco antiguo y la única donde la gente del Peristilo come de verdad.
Día III — Šibenik y las cataratas de Krka
Sales de Split por la A1 en dirección norte (peaje unos 6 €) y llegas a Šibenik en poco más de una hora. Šibenik es el gran malentendido turístico de Dalmacia: todo el mundo pasa por la puerta hacia Krka y casi nadie se baja. Error. La catedral de Santiago es el único edificio del mundo construida íntegramente en piedra sin mortero, Patrimonio UNESCO desde 2000, y el casco antiguo es más auténtico que el de Split porque nadie se molesta en promocionarlo. Come en Pelegrini si puedes permitírtelo — es estrella Michelin pero el menú del día del mediodía baja bastante el golpe — o en cualquier konoba del puerto.
Por la tarde, Krka. La entrada desde Skradin incluye un barco que te lleva al recinto del parque, así que si vas con niños o con calor es mejor esa opción que bajar directamente en coche a Lozovac. Las cascadas principales (Skradinski buk) se rodean por un circuito de tablas de madera de una hora. Desde 2021 está prohibido bañarse — mejor, porque los años anteriores era un caos y el agua se había vuelto verde de protector solar.
Día IV — De Šibenik a Hvar por ferry
Vuelves a Split por la misma A1, llegas al puerto y te metes en la cola de embarque para Stari Grad, el puerto norte de Hvar. Aquí es donde empieza el primer dolor de cabeza logístico de la ruta: Jadrolinija opera varios trayectos diarios en temporada alta pero los vehículos se reservan con bastante antelación. Si no has reservado, te tocará esperar al siguiente, con suerte. Con el coche, Split-Stari Grad cuesta 45 € y tarda dos horas clavadas. Llega al puerto con una hora de margen; el embarque en verano es lento porque el personal cuenta los coches a mano, literalmente.
Stari Grad — ciudad vieja, literalmente — es el puerto norte, mucho más tranquilo que Hvar Ciudad. Pero nuestra recomendación es cruzar la isla por la carretera del interior (40 minutos) y dormir en Hvar Ciudad, en la costa sur, donde ocurre todo. Eso sí: parkinga la entrada de la ciudad, nunca bajes al casco histórico, está terminantemente peatonalizado desde hace años y los accesos están cerrados con barrera.
Día V — Hvar a fondo y regreso al continente
Pasas la mañana en Hvar. Fortaleza Španjola por la mañana temprano (abre a las 8, tú sube a las 7:30 y espérala), vuelta por el puerto, aperitivo en alguna de las terrazas que miran a las Pakleni, y comida en Konoba Menego, que está al lado de la iglesia de San Esteban y lleva 40 años haciendo cordero al peka — lo tienes que encargar con tres horas de antelación, por eso pasas por la mañana a dejar el aviso.
Después de comer, vuelta a Stari Grad, ferry a Split (segundo del día, 45 € otra vez) y de ahí directo por la D8 vieja hacia Makarska. Son 70 km de carretera de curvas con vistas constantes al mar, y Makarska es un resort discreto — nada parecido a Hvar — donde vas a dormir bien y barato.
Día VI — Corredor de Neum y llegada a Dubrovnik
Este es el día raro. Sales de Makarska a las nueve y, después de 85 km, llegas al primer control fronterizo: Bosnia y Herzegovina. Son nueve kilómetros de costa bosnia — el famoso corredor de Neum — que separan Dalmacia en dos. Te sellan la entrada, te sellan la salida veinte minutos después, y vuelves a Croacia. Sin cambio de moneda, sin visados, sin problemas siempre que la agencia te haya dado cross-border permit. Sin ese papel no cruzas o, peor, cruzas y pierdes el seguro. Comprueba que lo tienes antes de salir de Makarska.
Una vez pasado Neum, los últimos 70 km hasta Dubrovnik son carretera más abierta y con algún mirador serio (Ston, las murallas de Ston merecen la pena y se ven gratis desde la carretera). Llegas a Dubrovnik a media tarde y te vas directo al alojamiento, que recomendamos encarecidamente fuera de las murallas, en Ploče o en Lapad. Dentro de las murallas no se puede aparcar, las maletas suben por escalones de piedra desigual, y los precios son un insulto.
Día VII — Día de Dubrovnik y devolución
El único día realmente turístico de la ruta. Las murallas se recorren en dos horas y media a paso tranquilo: abren a las 8:00, entrada 35 €, y a las 9:30 ya empieza el caos de los cruceros. Entra a las 8:05 sin excepciones. El resto del día es para perderse por la Stradun (mirando, no comiendo), subir al monte Srđ por el telesférico o andando, y cenar lejos del casco amurallado. A la mañana siguiente, devolución del coche en DBV: desde el centro son 20 minutos, sin tráfico.
Bajo el tapete
Lo operativo de la ruta en seis líneas rápidas, lo demás está en la tabla.
Si tienes más tiempo, o menos
Tres variaciones estándar: añadir Mljet y Korčula si tienes dos semanas enteras, saltarte Hvar si sólo tienes seis días, o hacerla al revés saliendo de Dubrovnik (más barato el coche, misma ruta).
Lo que no hay que hacer
- No reserves hotel dentro de las murallas de Dubrovnik.
- No cojas el ferry a Hvar sin reservar entre junio y septiembre.
- No cruces Neum sin cross-border permit firmado.
- No comas en la calle Stradun de Dubrovnik.
- No entres en coche al casco histórico de Split más allá de la Riva.