Brač, Hvar y Korčula son las tres islas mayores del archipiélago dálmata central, y hacerlas en coche con ferries es probablemente la ruta más logísticamente caprichosa de las cuatro de Croacia. No es difícil: es que todo depende de horarios de Jadrolinija, de reservas de vehículo con semanas de antelación en verano, y de que entiendas que el coche se queda parado medio día mientras tú lo observas desde la cubierta superior con un café en la mano. A cambio, hay algo que no se consigue con catamarán de peatones: la capacidad de cruzar una isla entera por carreteras de interior, parar en un pueblo de canteros para comprar piedra blanca, y dormir esa noche en un puerto donde no hay ni un solo autobús turístico.
Islas croatas en coche en 7 días

La mesa puesta
Siete días, 290 km de asfalto real, y unas seis horas totales de ferries repartidas en tres cruces. La ruta empieza en Split (aeropuerto SPU), salta a Brač, vuelve brevemente a Split para cruzar a Hvar, cruza Hvar de oeste a este por tierra, vuelve al continente por el ferry menor de Sućuraj-Drvenik, conduce por la península de Pelješac hasta Orebić, cruza a Korčula en ferry corto, y termina en Dubrovnik (DBV) después de otro cruce pequeño y un tramo de 80 km por Pelješac con el nuevo puente al final.
Mapa mental
Tres islas, tres ferries distintos, una cantera, una playa con pico arenoso, un monasterio dominico, y un vino tinto de uva que sólo crece en Lumbarda.
El menú de los días
Día I — Split y ferry a Brač
Aterrizas en Split, recoges el coche, y si tu vuelo llega antes de las once vas directo al puerto para coger el ferry de Jadrolinija a Supetar, el puerto principal de Brač. El trayecto dura 50 minutos y cuesta 28 € por coche + conductor + cuatro o cinco euros por pasajero adicional. En temporada alta hay unos ocho ferrys al día; reserva online el embarque del coche con semanas de antelación.
Supetar es un pueblo tranquilo, pequeño, sin pretensiones de party, con un puerto circular y una media docena de restaurantes honestos. Dejas el coche en el parking del hotel (Villa Adriatica es nuestra apuesta), cenas en Vinotoka — pulpo al peka que hay que encargar por la mañana temprano — y te acuestas pronto. Mañana hay carretera.
Día II — Brač: Bol y la Zlatni Rat
Brač es una isla larga, orientada este-oeste. La carretera principal la cruza entera en poco más de una hora. Por la mañana, si has reservado visita con antelación, merece la pena desviarte hasta Pučišća, el pueblo de canteros en el noreste, para ver cómo se extrae y se talla la piedra blanca que recubre la Casa Blanca de Washington (no es leyenda: está documentado). La escuela de canteros deja visitar el taller por 3 €; los lunes y miércoles hay demostraciones.
Después, cruzas al sur para bajar a Bol. Bol es el pueblo más famoso de Brač porque justo al lado está la Zlatni Rat, el “cuerno de oro”, una playa de cantos blancos en forma de punta alargada que cambia de orientación con las corrientes. Es la playa más fotografiada de Croacia. En temporada alta es un caos, en junio y septiembre es más manejable. Cena en Konoba Mlin y vuelta a Supetar a dormir.
Día III — Ferry Brač-Hvar y llegada a Stari Grad
Este es el día de doble ferry y el más complicado logísticamente. Sales temprano de Supetar, coges el ferry de Jadrolinija a Split (50 minutos, 28 €), te bajas en Split, y te metes directamente en la cola del siguiente ferry a Stari Grad (2 horas, 45 €). En total, media mañana de ferries — y si has contado los euros, sí: cruzar entre Brač y Hvar sale unos 73 € sólo de barcos. Hay una alternativa, pero es sólo para peatones (catamarán Bol-Jelsa), así que con coche no vale.
Llegas a Stari Grad, en la costa norte de Hvar, a primera hora de la tarde. Stari Grad es nuestro plan recomendado para dormir, y no Hvar Ciudad. Es más tranquilo, más barato, más cercano al Stari Grad Plain, un campo agrícola parcelado por los griegos en el siglo IV a.C. que conserva exactamente el mismo trazado desde entonces — UNESCO desde 2008 — y que es uno de los patrimonios arqueológicos menos glamourosos pero más raros del Mediterráneo. Cena en Eremitaž y duerme.
Día IV — Hvar Ciudad y lavanda
Día sin ferries. Cruzas la isla por la carretera nueva del túnel (no la vieja de cornisa — importante, la vieja es peligrosa con coche alquilado y seguro básico) y llegas a Hvar Ciudad en 35 minutos. Para el coche en el parking de la entrada — no se puede entrar al casco, peatonal total — y pasas el día entre el puerto, la fortaleza Španjola en lo alto (vistas a las Pakleni, el pequeño archipiélago que cubre la salida del puerto), y los campos de lavanda del interior si vienes en la segunda mitad de junio, cuando están en flor.
Cena de cordero en Konoba Menego — encargar por la mañana — y noche en Hvar Ciudad, sin bajar hacia los bares de ruido alto si puedes evitarlo. Dormir tranquilo en Hvar Ciudad en julio es posible pero selectivo: busca apartamentos en Groda, la parte alta, no en el puerto.
Día V — Ferry Hvar-Korčula, vía Drvenik
Aquí hay decisión. Opción A: coger el único ferry directo del día Hvar Ciudad → Vela Luka (en el extremo oeste de Korčula). Sale a media mañana, tarda unas tres horas, cuesta 55 € coche + conductor. Cómodo pero sólo hay uno al día y llena rápido. Opción B: cruzar Hvar hasta Sućuraj (dos horas de carretera por el interior de la isla, que es larga), coger el pequeño ferry Sućuraj-Drvenik (35 minutos, 12 €, varios al día), conducir por la costa dálmata del continente hasta Orebić (2 horas por la A1 y Pelješac), y cruzar a Korčula en ferry corto (15 minutos, 17 €).
La opción B parece más complicada pero tiene dos ventajas: los ferries son pequeños y casi nunca se llenan, y atraviesas Pelješac, que es una preciosa península vinatera. Cena en Adio Mare — el restaurante clásico de Korčula, dentro del casco amurallado — y duerme en Hotel Marko Polo.
Día VI — Korčula a fondo
Día sin ferries, sin traslados largos. Korčula Ciudad es una miniatura de Dubrovnik: murallas medievales, calles estrechas trazadas en espina de pescado (para que el viento no barra el casco entero), catedral, y la supuesta “casa de Marco Polo” (la leyenda dice que el explorador nació aquí; los historiadores dicen que probablemente no). Por la tarde, excursión en coche a Lumbarda, a siete kilómetros, para visitar las bodegas Bire: aquí se produce el grk, una uva blanca autóctona que sólo crece en esta isla y que da un vino ligeramente amargo, salino, único. Cata 15 €, merece la pena.
Día VII — Regreso por Pelješac y devolución en Dubrovnik
Mañana tranquila en Korčula, café en la plaza del mercado, y al ferry corto de Orebić (17 €, cada hora, sin reserva). Cruzas Pelješac entera por la carretera principal, con parada obligatoria en Mali Ston para las ostras del Mali Ston, las mejores del Adriático y probablemente las más baratas de Europa por unidad (2,50-3 €). Después, las murallas de Ston, la segunda muralla defensiva más larga del mundo después de la China, menos conocida de lo que merece, con entrada de 10 €. Y por último, el puente Pelješac (abierto en 2022) que conecta la península con el continente sin pasar por Neum — el gran cambio reciente en la logística del sur de Croacia.
Devolución del coche en DBV por la tarde.
Bajo el tapete
La ruta más cara en transporte — no olvidemos los 85-135 € en ferries — pero la más variada. Resumen operativo en la tabla.
Si tienes más tiempo, o menos
Tres variaciones: añadir la isla de Vis al inicio (dos días extra), saltar Brač si sólo tienes cinco días, o invertir la ruta empezando en Dubrovnik (suele ser más barato).
Lo que no hay que hacer
- No reserves los ferries la víspera en julio o agosto.
- No pierdas la hora de embarque del coche.
- No duermas en Hvar Ciudad un viernes de julio si buscas tranquilidad.
- No uses la vieja carretera de cornisa de Hvar con seguro básico.
- No cojas el último ferry del día en temporada alta.