Istria es la Croacia que no se parece a Croacia. Los nombres de pueblos se leen en dos idiomas, los menús traen pasta y ñoquis antes que cualquier otra cosa, y el café del mediodía se pide en italiano sin que nadie lo comente. Es la península más septentrional del país, la más próxima a Venecia por historia y a Friuli por geografía, y la que lleva dos décadas siendo el secreto peor guardado de Europa central: aquí veranea medio Múnich, medio Viena y media Lombardía. A nosotros nos parece la mejor ruta de cinco días que se puede hacer en Croacia si lo que buscas no son islas ni murallas sino mesa, aceite, trufa, niebla en los valles por la mañana y dos millas de viñedo por ventanilla.
Istria gastronómica en 5 días

La mesa puesta
Cinco días, 280 km, carreteras pequeñas — Istria no tiene autopistas serias salvo la A8 del Učka — y un ritmo completamente distinto al de Dalmacia. Aquí no se conduce para llegar, se conduce para parar cada veinte minutos: un productor de aceite, una bodega de malvazija, un pueblo en la colina, una oleoteca, un restaurante que sólo abre al mediodía porque el chef ha salido a buscar setas. Rijeka y Pula son los dos extremos con aeropuerto; Motovun y Rovinj son los dos centros reales de la ruta.
Mapa mental
Dos mesetas verdes, cuatro valles con río, un puerto romano al sur, un puerto austro-húngaro al este, y una red de carreteras blancas donde el GPS a veces miente.
El menú de los días
Día I — Rijeka y la bajada al Adriático
Llegas a Rijeka, tercer aeropuerto croata por volumen, y lo primero que ves es que no estás en el Mediterráneo del turismo. Rijeka es una ciudad portuaria, industrial, bastante gris, con un casco antiguo corto pero honesto y una tradición cafetera que no tiene ninguna otra ciudad croata. No te quedas a dormir aquí: bajas 15 km por la costa hacia Opatija, la vieja Abbazia imperial, el balneario favorito de Francisco José y de media nobleza centroeuropea. Opatija todavía conserva los hoteles Secession de principios del XX y el famoso Lungomare, un paseo marítimo de 12 kilómetros que une varios pueblos de la riviera del Kvarner. Hotel Mozart, cena en Konoba Nebuloza en Rijeka (si te apetece bajar), paseo nocturno, y al día siguiente se cruza el Učka.
Día II — Subida a Motovun por el interior
Aquí empieza Istria de verdad. Sales de Opatija, coges la A8 y metes el coche por el túnel del Učka (peaje unos 4 €). Al salir, el paisaje cambia en medio segundo: desapareces de la costa y apareces en un plano verde de colinas suaves, campos de cultivo, viñedos y algún roble aislado. Motovun está a unos 80 km, pero el trayecto se hace parando: en Buzet para tomar café, en Livade para visitar Zigante Tartufi (la tienda de trufas más famosa de Europa central), y en Oprtalj si te sobra tiempo.
Motovun es un pueblo medieval amurallado sobre una colina que emerge del valle del Mirna. De lejos parece un dibujo de Tolkien. Cuando llegas, metes el coche en el parking de abajo (5 € todo el día) y subes a pie por una cuesta empinada. Dentro, cuatro calles, dos restaurantes buenos, una muralla que se recorre entera en veinte minutos y vistas sobre el valle donde — si hay suerte — verás la niebla baja al amanecer. Duerme dentro del pueblo (Hotel Kaštel) y cena en Konoba Mondo: fuži con trufa blanca rallada encima, malvazija de la casa, y una deuda emocional para el resto del viaje.
Día III — Valle del Mirna y llegada a Rovinj
La mañana se va en bajar por carreteras secundarias del valle del Mirna, cruzar Grožnjan (otro pueblo en colina, más pequeño, lleno de galerías de arte, merece una hora) y salir hacia la costa por el oeste. Parada obligatoria en Vodnjan, a 25 minutos de Rovinj, para visitar la oleoteca Chiavalon — una bodega de aceite de oliva familiar, quinta generación, con cata guiada de cinco aceites por 15 €. Si no has probado un aceite virgen extra istriano antes, esto te va a explicar por qué los italianos de Friuli vienen aquí a hacer la compra.
Rovinj es la postal. No hay otra manera de decirlo: es el pueblo más fotografiado de Istria y probablemente de todo el Adriático norte. Casas pastel, iglesia barroca de Santa Eufemia en lo alto, callejones que bajan al agua, el pequeño puerto lleno de barcas de pesca. Es muy turístico — imposible que no lo sea — pero si vienes en mayo o en octubre, a las siete de la tarde, cuando los cruceros han vuelto a Venecia, es otra cosa. Duermes dos noches aquí, dentro del casco histórico, y el coche se queda en el parking de la entrada sin moverse.
Día IV — Rovinj a fondo y costa oeste
Día sin traslado. Lo dedicas a Rovinj y a un pequeño circuito costero: mañana en el casco, comida en Rovinj, tarde en Cala Lone (playa rocosa a 15 minutos a pie del centro, agua transparente, menos gente de la que debería), y regreso para cenar en Batelina, en Banjole, a media hora en coche. Batelina es un restaurante familiar que lleva años en todas las listas de “mejores pescaderos-restauradores de Europa” — tienes que reservar con días de antelación, pero si lo consigues, es probablemente la mejor cena de pescado fresco que vas a comer en Croacia.
Día V — Pula y devolución
Mañana tranquila, desayuno en Rovinj, y en 55 kilómetros estás en Pula. Pula se visita en cuatro horas: anfiteatro romano (el sexto más grande del Imperio, entrada 10 €, abre a las 8 en verano y mejor ir temprano antes del sol directo), foro, templo de Augusto y un paseo por la vieja ciudad. Come en Milan, uno de los restaurantes más antiguos de Pula, y devuelve el coche en el aeropuerto (PUY) por la tarde. Si tu vuelo sale desde Rijeka, cuenta con una hora extra por el regreso por la A8.
Bajo el tapete
Ruta corta, carreteras secundarias, poca autopista. Lo operativo se resume en la tabla.
Si tienes más tiempo, o menos
Tres variaciones: añadir Brijuni y Kamenjak si tienes una semana completa, saltar Rijeka si vuelas directo a Pula, o venir en octubre-noviembre para la feria de la trufa blanca en Motovun — esta tercera opción cambia el sentido de la ruta por completo.
Lo que no hay que hacer
- No vengas en julio o agosto esperando tranquilidad.
- No compres trufa al borde de la carretera.
- No intentes entrar en coche al casco histórico de Rovinj.
- No pidas malvazija fría de nevera industrial.